En general, el diseño gráfico es una disciplina desconocida en la Pyme española, que abarca desde la identidad y el logo, hasta un sin fin de aplicaciones de la identidad visual corporativa.
Esta situación de desconocimiento, es retroalimentada por el alto porcentaje de intrusismo que existe en el sector. Conocer una o varias aplicaciones informáticas, no supone, en ningún caso, saber diseñar. El valor de un diseñador es su capital intelectual. El software es simplemente una herramienta.
El diseño profesional se distingue principalmente por:
Capacidad sinestésica: Unión de la inteligencia espacial, la intuición y la sensibilidad con la técnica, para convertir ideas y conceptos en elementos gráficos.
Las habilidades intelectuales del diseño son consecuencia de la capacidad de combinar el análisis y la creación, detectar y estudiar los elementos constitutivos de un problema, para dar respuestas formales concretas. Esta es la parte más importante del diseño: representar y visualizar las ideas y los conceptos.
El diseño debe transmitir las soluciones, hacerlas tangibles y todo ello además, con un alto nivel estético. Así, la empresa puede ver y controlar el producto o servicio de forma tangible, evaluar sus factores relevantes y tomar decisiones al respecto.
Si la empresa aprende a gestionar el diseño profesional de forma adecuada, éste se convierte en un recurso innovador y en una inversión altamente rentable.
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