El diseño es una herramienta eficaz para la innovación en las empresas. Tanto a los productos y servicios, como a la comunicación, el diseño gráfico les aporta valores que se están convirtiendo en una exigencia por parte de los usuarios y consumidores: diferenciación, utilidad, funcionalidad, calidad, imagen o costes.
En las estrategias de diseño concurren una serie de habilidades intelectuales e instrumentales que permiten al diseñador profesional convertir problemas y necesidades (ideas y conceptos), en soluciones formales de todo tipo (objetos concretos), con un alto nivel estético.
Las habilidades intelectuales son consecuencia de la capacidad del diseñador de detectar y estudiar los elementos constitutivos de un problema comercial, combinar el análisis y la creación, y dar respuestas formales concretas. Las fases del proceso creativo son:
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Cada caso es diferente. Cada proyecto es único. Cada sector tiene sus particularidades y cada empresa es un mundo. Las estrategias de diseño se ajustan en cada situación para solventar el problema planteado y cumplir con los objetivos comerciales establecidos.
La idoneidad y la capacitación de los profesionales que llevan a cabo este proceso y su adecuada dirección, son la clave para obtener ventajas competitivas sostenidas de las estrategias de diseño. El éxito de los productos o servicios de las marcas y de las empresas, está muy relacionado con la calidad del proceso de diseño que han seguido.